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El que más y el que menos sabe que, cuando se trata de detectar trastornos y desviaciones en el desarrollo, cuanto antes mejor. Y es que los programas de atención temprana son de vital importancia para prevenir la aparición del Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) o minimizar sus efectos negativos.

Hace ya unas semanas hablábamos de este tema, entendiendo la naturaleza de este trastorno, su prevalencia y las claves para detectarlo en las primeras etapas educativas.

El TEL se suele comenzar a identificar alrededor de los 3 o 4 años de edad, normalmente porque la competencia lingüística del niño se presenta como inferior a la del resto de sus compañeros, porque se hacen comparaciones entre la historia evolutiva de los diferentes hermanos si los tiene, etc.

Pero, ¿qué ocurre cuando el niño aún no habla? ¿es posible detectar un TEL en una fase prelingüística? La verdad es que los profesionales aquí nos metemos en un terreno un poco pantanoso: en psicología 1+1 no siempre suman dos, un mismo indicador puede llevarte a muchos caminos distintos y hacer un diagnóstico preciso se hace muy difícil en ausencia de pruebas específicas, válidas y fiables de valoración prelingüística.

Sin embargo, sí que podríamos decir que existen ciertos indicadores antes de que el niño emita palabras de que el lenguaje está, de algún modo, comprometido, y por tanto sería conveniente prestar especial atención a su evolución. En este sentido, unos autores llamados McCathern, Warren y Yoder elaboraron un breve listado de cuatro variables predictoras del ritmo general del desarrollo del lenguaje. Es decir, estos investigadores detectaron cuatro puntos clave que, dependiendo de cómo se dieran en cada niño, podrían informarnos en cierta medida de cómo sería su desarrollo lingüístico. Estos puntos son el balbuceo, el desarrollo de las funciones pragmáticas, la comprensión del vocabulario y el desarrollo de las destrezas de juego funcional y juego simbólico. Dicho así puede parecer algo muy complicado, pero no te preocupes, vamos a explicarlas con detalle a continuación.

El balbuceo

¿De verdad el balbuceo es tan importante para el desarrollo posterior del lenguaje? ¡Pues sí, es importantísimo! Considera que son las primeras producciones orales del bebé, algo así como un «protolenguaje» que sentará las bases para cuando el niño se comunique verbalmente. Además, es la primera conducta que los adultos consideran como comunicativa. Cuando los bebés balbucean, sus padres o sus cuidadores responden consistentemente (es decir, prácticamente siempre) a todas esas vocalizaciones buscando una especie de diálogo. Los niños que son «buenos balbuceadores» parecen tener más posibilidades de un mejor desarrollo del lenguaje que los que tienen dificultades en este área. Por ejemplo, la cantidad de vocalización correlaciona con la emisión de palabras durante el primer año y con el nivel de desarrollo lingüístico a los 3 años de edad. Además, el uso de consonantes (cuanto más diversas mejor) durante el balbuceo, tiene un alto valor predictor para el desarrollo lingüístico posterior. Piensa que estas consonantes son las que van a utilizar en un futuro con sus palabras, por lo que si las emiten antes, las tendrán más entrenadas.

 

El desarrollo de las funciones pragmáticas

Y eso de las funciones pragmáticas, ¿a qué se refiere exactamente? El lenguaje es un instrumento, es decir, tiene una utilidad para entender y controlar nuestro entorno. Las funciones pragmáticas que se desarrollan durante el primer año de vida son las siguientes: el controlar la conducta de los demás como vía para conseguir una acción (señalar para que te alcancen un juguete); la interacción social, es decir, llamar la atención de los demás con propósitos sociales (decir «hola» y «adiós»); llamar la atención de los demás para compartir objetos, actividades o personas (mirar un objeto, mirar al adulto y sonreír y volver a mirar al objeto). Todas estas funciones son vitales para una correcta comunicación interpersonal. La ausencia o anomalía en una o varias de ellas podrían indicar un deterioro o dificultad potencial a nivel comunicativo y lingüístico posteriormente.

La comprensión de vocabulario

La comprensión léxica (de palabras) es uno de los mayores predictores de la posterior producción oral y expresiva. Es lógico puesto que si el niño comprende las palabras, será mucho más fácil para él producirlas y relacionarlas de forma correcta con los objetos de su entorno. Lamentablemente, es muy difícil determinar si un niño menor de 2 años comprende o no las palabras. Por ejemplo, si le pedimos que toque un objeto de la sala o de una lámina con dibujos y no lo hace, puede ser porque no lo ha entendido, pero también porque no quiera hacerlo o no estuviera prestando atención.

 

Desarrollo de las destrezas de juego funcional y simbólico

El juego, por sí solo, no es una destreza comunicativa. Sin embargo, sí que existe una relación entre la complicación del juego infantil y el desarrollo del lenguaje. La conducta lúdica también sigue su propia evolución, desde un tipo de juego muy básico, o exploratorio (chupar, golpear y romper objetos), pasando por un juego más funcional (establecer relaciones entre los objetos, como construir una torre, montar a un muñeco en un cochecito) y el juego simbólico (pretender que un objeto haga las funciones de otro, por ejemplo, un plátano podría ser un teléfono). Según McCathren, el inicio temprano del juego funcional es predictor de un inicio temprano del lenguaje y predice sobre todo el desarrollo del lenguaje receptivo (o comprensivo). Las anomalías en el juego, el retraso en la aparición de las diferentes etapas, etc., podrían informarnos, en ausencia de otros factores que pudieran explicar mejor dichos problemas (presencia de síndromes como el de Down, señales que alertaran de que puede tratarse más de un Trastorno del Espectro Autista que de un problema de lenguaje específico), podrían alertarnos de presencia de problemas en el desarrollo del lenguaje.

 

Aunque estas señales prelingüísticas pueden sernos útiles para detectar precozmente un TEL, debemos de tomarlas con la cautela necesaria y no tomarlas como criterios definitivos para el diagnóstico de dicho trastorno. Sin embargo, apoyarnos en cierta información práctica para una observación más exhaustiva del desarrollo infantil, puede facilitarnos el diagnóstico posterior y mejorar enormemente el pronóstico de los niños con dificultades específicas en el terreno lingüístico. Los profesionales de la psicología y la logopedia en el terreno de la atención temprana pueden ayudarte y orientarte en este sentido.

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