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Factores como la alimentación o las interacciones de los cuidadores con los niños son importantes. Ha de ser un pilar central de las políticas públicas

Santiago tiene 2 años. Su mamá es vendedora ambulante y no puede cuidarlo. Por eso cada día a las ocho de la mañana lo lleva al jardín maternal y lo va a buscar a las seis o siete de la noche cuando termina su trabajo. Esta escena podría estar sucediendo en Managua, en Buenos Aires, o en Río de Janeiro.

Muchas mamás, como la de Santiago, no tienen la opción de preguntarse cada día al llegar a la puerta de la guardería o jardín infantil si las actividades que ahí se realizan son las adecuadas para el desarrollo de sus hijos, si el espacio es lo suficientemente seguro y limpio, si la cuidadora es cariñosa y tuvo una buena capacitación o si la comida es nutritiva. Sin embargo, los Gobiernos de América Latina y el Caribe sí tienen el deber de asegurar ciertos niveles mínimos de calidad en la atención que reciben los niños más pequeños y vulnerables de la sociedad. Pero ¿cuáles son esos niveles mínimos críticos que deberían cumplirse y, más importante aún, cómo se miden y analizan?

Una manera de estudiar la calidad de un centro es a través de la observación del cumplimiento de un conjunto de estándares mínimos que los proveedores deberían cumplir. Por ejemplo, el National Institute for Early Education Research (NIEER) ha propuesto un listado de estándares de calidad para Estados Unidos que incluye las cualificaciones y formación que tienen los cuidadores; el tamaño de las clases y la tasa de niños por cuidador, entre otras. Otra aproximación es la observación directa de un aula por medio de instrumentos validados internacionalmente como explicamos en esta nueva publicación del BID: ¿Cómo se mide la calidad en los centros de cuidado infantil?

En definitiva, existe un consenso general de que la calidad debe ser integral, es decir, no centrarse únicamente en la educación o la salud, sino también en el desarrollo cognitivo y socioemocional, la nutrición y la crianza. Según los expertos, los seis elementos críticos que deberían definir la calidad en los centros de cuidado son:

  • La provisión de una alimentación nutritiva, en condiciones óptimas de higiene, saneamiento y seguridad.
  • La cantidad de niños a cargo de cada maestra o cuidadora no debería ser mayor a seis niños por maestra en el grupo de 12 a 36 meses y debería ser aún menor para los bebes.
  • La calidad de las interacciones entre las cuidadoras y los niños: su frecuencia e intensidad son probablemente uno de los determinantes más importantes del desarrollo futuro de un niño.
  • La existencia de un sistema que monitorea la calidad con regularidad en todos los centros.
  • Los esfuerzos de capacitación y desarrollo profesional para las cuidadoras y maestras.
  • Actividades, materiales de juego y espacios estimulantes.

América Latina

El desafío de asegurar la calidad se da en un contexto de una ampliación considerable de centros para niños de entre 0 y 36 meses. Actualmente, los jardines infantiles cuentan con la mayor cobertura dentro los programas de desarrollo infantil, con 3,1 millones de niños en 114.000 centros públicos. En su gran mayoría, estos centros son públicos. En Brasil y Chile, el porcentaje de niños atendidos en jardines se duplicó en la última década, y en Ecuador se multiplicó por seis. En varios países de la región, entre una quinta y una tercera parte de todos los niños de entre 0 y 3 años asisten a un centro. En Nicaragua —y sobre todo en Guatemala—la cobertura es mucho más baja. Sin embargo, también sabemos que la calidad de dichos servicios es baja, como lo documenta el libro Los Primeros Años.

Por otro lado, los Gobiernos regulan y miden la calidad de los servicios de cuidado a través de indicadores estructurales, como son la infraestructura básica y el perfil profesional de los cuidadores. Sin embargo, esta clase de indicadores no capta información sobre los procesos o las interacciones cuidador-niño que son lo que realmente afecta a la trayectoria del desarrollo de un niño. Estos indicadores tampoco nos permiten identificar las áreas de mejora en dichos procesos que son tan decisivos.

En definitiva, claro que no puedo decirte que no mandes a tu hijo al jardín si es que no observas algunos niveles mínimos como los que presentamos en ¿Cómo se mide la calidad en los centros de cuidado infantil? y en este artículo. Siendo yo misma una mamá que trabaja, sé que muchas veces no existe otra opción. Sin embargo, sí tenemos que exigir como ciudadanos, que los organismos a cargo del cuidado infantil, sean estos los ministerios de bienestar o desarrollo social, institutos de la niñez y la familia o ministerios de educación, monitoreen el cumplimiento de un conjunto de estándares de calidad y, más importante aún, aseguren que estos se cumplan para que el cuidado de los más chiquitos de la sociedad no sea solamente un tema de conversación de las mamás en la plaza o el mercado, sino que sea un pilar central de las políticas públicas para el desarrollo y el bienestar de la sociedad entera.