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En momentos de falta de tiempo, donde todos padres e hijos quieren todo ya, sin esperas, es importante saber que muchas madres realizan tareas que sus hijos están capacitados para hacer porque consideran que es más rápido y sin margen de error. Los niños son más lentos, se pueden equivocar, hay que supervisarlos y eso implica más tiempo y dedicación por parte de un adulto.

La pregunta conductora es: ¿tu hijo lo puede realizar solo sin peligro? Los padres tienen que tener en cuenta que deberán ser paciente y que el resultado no será perfecto. Sí le brindamos la oportunidad de hacer, el niño crece, experimenta y aprende.

En la decisión de permitir que el niño realice una acción, tiene que primar el beneficio del pequeño. Sí puede comer solo, aunque se ensucie y tire algo de comida al piso, hay que permitirle alimentarse solo, y verán como cada vez lo hará mejor. Claro, nosotras tendremos que barrer y ponerle un babero. Eso lleva trabajo y tiempo pero permite que los niños de pequeños desarrollen sus capacidades. Las mismas, cuando están ocultas y sin ser utilizadas no ayudan en la adaptación a la vida.

Uno de los fenómenos que ha aumentado en los últimos años es la sobreprotección de los padres hacia sus hijos. Los padres deben protegerlos y enseñarles que existen peligros de todo tipo pero la sobreprotección implica hacer cosas por ellos cuando están capacitados para ejecutarlas solos, aunque no lo hagas tan bien como los adultos.

En la etapa escolar, observamos madres que realizan las tareas de sus hijos para terminar con todas las obligaciones diarias pero sin notarlo impiden el desarrollo del niño. Así, crean una fuerte dependencia y los más pequeños sienten que sin sus progenitores no son capaces de realizar las tareas. El peligro es que lo desplacen a otras áreas y se conviertan en seres dependientes e inmaduros. Los niños deben realizar solos las tareas domiciliarias, pueden si sacarse dudas con sus padres para sentir que pueden y así desarrollar una buena autoestima.

En la adolescencia, todos los padres se quejan del desorden de sus hijos y limpian y ordenan sus cuartos. Es acá donde hay que cerrar la puerta y permitir que ellos experimenten el desorden; sí dejan sus pertenencias esparcidas por la casa, con amor hay que llevarlas a su cuarto para marcar un límite. Los jóvenes están capacitados para limpiar sus cuartos pero no lo realizan y es preciso que experimenten los resultados de sus decisiones.

En cada etapa, los padres realizan aquellas tareas que los hijos tienen que realizar. De este modo, muchas veces sin notarlo, les quitan la posibilidad de desarrollarse.

Hasta aquí hablamos solamente de la falta de tiempo y la necesidad de que todo sea perfecto, dos variables que obstaculizan la independencia de los niños. Pero también existen padres que tienen miedos y los trasladan a sus vástagos, sienten que ellos se pueden equivocar, que no son capaces, que corren peligros. Por eso es necesario ver al niño real que tienen frente a ustedes y contactar con los propios temores que cada padre tiene, que se pueden despertar en las diferentes etapas de la vida de los mismos.

*Fanny Berger, psicóloga gestáltica. Podés contactarla en su web o página de facebook