Un estudio con niños menores de ocho años investiga cuándo se desarrolla la capacidad de diferenciar los seres vivos de los no vivos y la sensibilidad medioambiental. Paradójicamente, el estudio revela que la comprensión de la importancia del respeto a las plantas es anterior a la percepción de que son seres vivos.

Según el estudio del profesor e investigador de la Escuela de Magisterio de Bilbao (Universidad del País Vasco/EHU), José Domingo Villarroel, la conciencia ecológica es lo primero en surgir. Eso explica por qué los niños y niñas creen que perjudicar a otro niño o a las plantas es peor que romper las normas sociales como tomar mal la sopa o meterse los dedos en la nariz.

La paradoja surge cuando esto ocurre incluso en los casos de niños que no pueden identificar que las plantas son seres vivos. La comprensión de la importancia del respeto a las plantas es anterior a la percepción de que son seres vivos. Según el estudio de Villarroel, ese hecho sugiere que la sensibilidad para con los demás se desarrolla en edades tempranas, y que el desarrollo del pensamiento moral está relacionado con el mundo afectivo y no tanto con la lógica y lo racional.

Cómo inculcar valores ecológicos a los niños

Para sensibilizar con el cuidado medioambiental a los niños contamos con unas ventajas de partida:

  • Los niños desarrollan a edades muy tempranas la biofilia —amor por la naturaleza y los seres vivos— innata. Pero no podemos amar lo que no conocemos aunque esté escrito en nuestro ADN. Por eso es tan importante que los niños estén en contacto con la naturaleza. Y no sólo para que protejan el medioambiente, sino porque también es bueno para su desarrollo.
  • Conciben las tareas como juegos con sus reglas, como puede ocurrir con el reciclaje.
  • Pueden ser coherentes y consecuentes.
  • Ante retos alcanzables tienen ilusión y no eluden sus responsabilidades justificándose y delegando en otros.
  • Tomar nuevas responsabilidades hace que se sientan importantes, por lo que no valoran su aportación como insignificante e inútil dentro de la inmensidad en la que se incluye, sino que creen firmemente en lo que hacen por pequeño que sea.

La educación medioambiental está centrada en temas muy abstractos, lejanos e intangibles. El agujero de la capa de ozono o el calentamiento global son temas aparentemente poco relacionados con el día a día de los niños, por lo que es difícil que se sensibilicen con ello. Enseñar a cuidar el medioambiente más que en teoría se debe centrar en inculcar hábitos. Así pues los padres y educadores son los responsables de ofrecer pautas, tanto explicándolo con palabras como mostrándolo con el propio ejemplo.

Un niño puede entender que los árboles se usan para fabricar papel y que si usa “papel en sucio” para hacer sus dibujos, contribuye a que haya que cortar menos árboles. Yendo un poco más allá, entenderá que es mejor que se talen menos árboles porque su profesor del colegio también le habrá explicado que los árboles purifican el aire que respiramos.

Es primordial transmitir el concepto básico de aprovechar los recursos al máximo. Así entran en juego las tres erres,Reducir el gasto ecológico, Reutilizar y Reciclar todo lo posible para generar los residuos mínimos.

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